El equilibrio de los Agroecosistemas

Por Ing. Agr. Luis Jiménez
De la Raíz consultora de Gestión Ambiental

Cuando hablamos de sostenibilidad y consecuentemente de desarrollo sostenible, tenemos que considerar el aspecto productivo, el económico, el socio cultural y el ambiental. Esto implica tener como objetivo el equilibrio de los Agroecosistemas desde una mirada holística, sin excluir ningún componente del mismo.

Por otro lado, analizar la sostenibilidad de un sistema agropecuario desde la individualidad de cada uno de los parámetros mencionados, es claramente un error de concepto. La búsqueda del mencionado equilibrio es lo que fortalece a la estructura agraria de una región. Es importante resaltar que este concepto lleva implícito la dinámica social entre los componentes del sistema de forma interna y también en ámbitos externos. Es decir, no se refiere solamente a las características de la producción.

En definitiva, los aspectos referidos a la base económica (incluida la tenencia de la tierra), el contexto regional, las políticas implementadas, la capacidad de asociarse, las cuestiones culturales son ejes fundamentales de la estructura agraria.
Esto significa que, si el impacto de los productos que realizamos no atienden las reales necesidades de los productores de la región, si no se enfocan, además de en lo productivo, también en la calidad de los caminos por los cuales deben sacar la producción o por los cuales los productores y sus familias deben transitar, o en la distancia a los lugares de comercialización, o a las escuelas o centros de salud, si
tampoco pone atención en las formas probables de comercialización. Inclusive, si hoy por hoy no se considera la conectividad para fomentar el estudio o las nuevas metodologías de venta on line en el contexto en el que estamos viviendo, entonces no se estaría entendiendo la importancia de la estructura agraria como base para el desarrollo de la región.

Entonces, si los aspectos socio culturales no son abordados correctamente, las consecuencias pueden ser negativas. Por ejemplo, incremento en la migración a los centros urbanos en busca de alternativas económicamente viables, que no tienen relación con la esencia de los productores o de los hijos de los mismos.
Por otro lado, si no prestamos atención a los aspectos ambientales al llevar adelante uno u otro método de producción, corremos el riesgo de destruir el entorno, con su biodiversidad, de incrementar la contaminación de los cursos de agua, y de las napas. Por otro lado, podemos generar la reducción de la cantidad de vertientes o de los caudales de agua pura que proveen. Otra consecuencia es la reducción
en la absorción de agua por parte del suelo incrementado los riesgos de erosión hídrica. A su vez, la capacidad buffer de la temperatura que tienen las masas boscosas también se reduciría si no cuidamos las mismas. Ya vivimos estas situaciones y aun hoy las seguimos viviendo.


En los años 60, el inicio de la llamada Revolución Verde, tenía la intención de palear el hambre del mundo. Ante un panorama que avizoraba el incremento de la población mundial en forma exponencial y por otro lado la escasa disponibilidad de tierras productivas, se enfocaron los esfuerzos y recursos en realizar mejoras desde el punto de vista productivo haciendo hincapié en aspectos genéticos, alta cargas de agroquímicos y elaboración de paquetes tecnológicos aplicables sin modificación regional en todo el mundo, comenzando por la región asiática.


El efecto con el tiempo fue negativo ya que no solo no llegaba a cubrir las potenciales necesidades, sino que aumentaban las plagas y enfermedades y los consecuentes costos para su corrección y daños por contaminación, reducción de biodiversidad y muchas consecuencias más originadas por mono culturas que no contemplan todos los aspectos del desarrollo sostenible.
Entonces podemos dejar planteado un debate en los que dos actores se confrontan: Revolución verde o Agricultura sostenible. Monocultivo o manejo sistémico. Paquetes tecnológicos enfocados únicamente en la productividad o fortalecimiento de la estructura agraria y por lo tanto de la región. La decisión, una vez más, está en nuestras manos.

Imagen ccrp-clacso

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